El patrimonio del demónio



No hace mucho, fue derribado. El caballito le ancló en los espinos de acero que lo cortaran.


Moriría casi inmediatamente, o después de sangrar hasta la última gota. 


Las heridas abiertas, sangrando.


Después de casi un día goteando.


Habían llamado al sanador de la villa. Demoraba hasta que él lo trajo cambiado.


No se quedó muerto, permaneció entero, sin faltar partes. El motor va bien. Todavía necesitas tener cuidado, comentó. Podría durar mucho tiempo, suerte que se encuentra atrapado en los paños.


Pesaba la tarde, le contemplaban con asombro. Nadie dijo siquiera si su salud era buena o mala, ni si fue una gran lesión o si nada, cosa de poco o de mucho. Quien lo encontró en aquel estado no se manifestó. La gente de ojos nocturnos cosecha los pasos del sueño.


La finca brilló con la luna. Voces olvidadas.


Se puede oír pero no se entiende. Inventan que hablan.


Olas gruesas con tímidos susurros de ebrios.  


No dicen lo que piensan decir. Espasmos de espantos.


Entonces el invierno.


Las camas donde solían cargadas de perfume


las flores de verano, ahora se encuentran en una sequedad casi rubia. Bailan a la brisa densa. Tonos dorados de los rayos lunares.


La chica pelea con el pelo. Palabras gritadas


frases no relacionadas seguidas de otras,


discontinuadas.


Como si fuera sus entrañas de hambre, habla consigo misma.


El perro era como una alfombra hecha de tejido de terciopelo oscuro, inmenso, distendido.


Ella hace una escena y le dirige atrocidades.


Los amigos en conjunto con la gente parecen hacer apuestas.


Unos en los barriles, otros en el banco, acurrucados y clavados en las paredes, relajados con la copa en el aire.


Están en el porche que es dónde se descarga el rojo. A través de la ventana de la sala se ve que siguen vertiendo.


Alumbra unas lámparas en los postigos. Hay en eso rayos morados. Están ahogados.


Tipos con voz de soplo muy espeso, cargados de intenciones poco claras. Son como un pozo ancho y profundo. Sin agua.


La niña dijo de un deseo de morir para vivir como quieras. Poca ropa, siguiendo a los placeres por no tenerlos ahí, de cierto.


Los sonidos guturales se vuelven intensos.


¿Qué dicen? Tampoco ella sabía.


Nunca lo entenderán, y de menos, ninguno sabe.


El doctor le dio una inyección. Dejó sobre la mesa unas pastillas y una receta.


Acostado, él está sorprendido en el sofá.


Ella le dice que abrirá su propio camino. Va a vivir con una. Ía dejar el garaje sin nada.


Sus tácitas voluntades tan bien definidas.


Él la miró cómo extraño. 


Siempre pocos en la vida común, un viejo en el horizonte.


La chica se va.  Toma lo que puede.


Esas personas hacen movimiento.


Las manos sonríen en oleadas de adiós.


En todo tienen algo de daño un poco de dolor


un poco de disgusto, amargo de envidia o maltrato.


Las caras abiertas a descansar significados.


Están con los pechos cerrados, dientes atrapados y ojos duros. Hay en todos espuma en la boca.


El doctor abre una botella para un trago.


Más tarde, largo tiempo, deja la silla.


La gente con los forasteros era de una vez los que le amaban, los que le odiaban. Iban sin despedirse. 


El jardín en la oscuridad era plata y oro.


Flores muertas que ahora viven en la noche


El perro negro se acuesta a su lado.

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Pedro Moreira Nt

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